13nov/140

EL MARAVILLOSO STROBEL…

Sinceramente, pensé que pescar en el Lago Strobel sería para mí un sueño imposible de realizar. Y aún más, hasta lo tenía descartado de entre mis posibles destinos pesqueros. Para quienes jamás sintieron hablar de este pesquero, el Lago Strobel es un gigantesco lago de agua dulce ubicado en plena meseta patagónica, en el centro mismo de la provincia de Santa Cruz nutrido por desagües precordilleranos. No son sus tranquilas aguas ni sus exóticos paisajes lo que lo ha hecho famoso sino su multitudinaria población de truchas gigantes y que yo más de una vez admiré por fotos y relatos de otros pescadores.

Barrancoso Ramon

Debido a mi actividad como guía de pesca se me presentó la oportunidad de la mano de Fabio, el encargado de la operación, no sólo de pescarlo, sino de poder armar una nueva propuesta para pescadores en uno de los mejores pesqueros trucheros del mundo, desde ya no dude en sumarme a esta nueva iniciativa y de paso pescar este misterioso lago. Para que la experiencia fuera todavía más grata, convoqué a mis amigos Ulises Vignoles Defagot, Carlos Ramón Herrero y Diego Huergo, grandes personas y tanto o más deseosos que yo de vivir esta fantástica aventura.

Diego 9 kg

Partimos plenos de entusiasmo desde Arias provincia de Córdoba en la camioneta de mi amigo Ulises y ataviados con todos los equipos que estaban a nuestro alcance. Tras un día y medio casi ininterrumpido viaje llegamos a Gobernador Gregores, ubicado en el centro de la provincia de Santa Cruz. Allí nos esperaba Fabio nuestro guía y operador, quien al día siguiente nos conduciría hasta el lugar donde transcurrirían los días más increíbles de pesca jamás imaginados.

Estancia 2

 

Luego de pasar la noche en un hermoso complejo de cabañas nos levantamos bien temprano y alistamos todo el equipaje sobre la camioneta. Cuando los primeros rayos mañaneros se dibujaban en el horizonte comenzamos nuestra travesía hacia el lago, plenos de entusiasmo y expectativas. Nos tomó casi 3 horas cumplir con el trayecto desde Gobernador Gregores hasta nuestro soñado destino. El camino es áspero, de apenas una huella, el paisaje cuasi lunar y sumamente desértico. No existen allí ni árboles ni verdes pastizales; desde nuestro vehículo sólo veíamos las siluetas de guanacos y ñandúes, únicos animales de envergadura capaces de adaptarse a semejantes condiciones geográficas.

Hugo Tello torpedo

 

Tras cruzar el hermoso Río Barrancoso y haciendo un par de kilómetros de constante serpenteo por fin llegamos al imponente y azulado lago Strobel, un espejo de agua increíble que llenaba de luz el paisaje desértico y apagado de colores.

Hugo trucha

Quienes aman la pesca saben de las sensaciones internas que se generan cuando se llega por primera vez a una superficie lacustre de estas características y renombre. Y más, cuando las naturales ansias de querer pescar todo, han sido inyectadas desde mucho antes con información cibernética de fotos y relatos del lugar. No podíamos creer que lo tuviéramos frente a nosotros. Al arribar, de inmediato descargamos el equipaje en nuestro alojamiento. Éste, además de hallarse estratégicamente ubicado para tener el pesquero a mano, contaba con todas las comodidades necesarias para recibir a visitantes como nosotros.

Lago Strobel sendero

El día se presentaba impecable. Mucho sol y poco viento, esto último algo inusual en la zona. Bajamos hacia una de las bahías. Allí, reparados del viento armamos nuestras cañas y cargamos los equipos con diferentes moscas; necesitábamos saber por donde venía la cosa. El pique no se hizo esperar. Diego fue el primero en mostrarnos lo que el lago tenía. ¡Pique y explosión! Se trataba de una Arco Iris imponente que sacó varios metros de línea. Luego de unos minutos de lucha Diego logró acercar al enorme pez, que todos fuimos a curiosear: se trataba de un truchón cercano a los 7 kg. lo observábamos y nos costaba convencernos que el salmónido fuera real puesto que jamás en nuestra vida pesquera habíamos tenido ante nosotros un ejemplar de semejante tamaño. Foto y al agua. Colmados de adrenalina todos volvimos a la faena en busca de nuestro propio premio. Ramón fue el segundo en clavar: se trataba de otra gran Arco Iris. El pez mostró la silueta apenas el anzuelo pinchó su boca, dando tremendas piruetas fuera del agua y nadando aguas adentro con mucha potencia. Para evitar el exceso de cansancio de la trucha asistimos a Ramón, ayudándolo con un copo. En este caso la variedad de Arco Iris era más plateada y con destacadas manchas atigradas en su lomo. El tamaño era menor a la anterior pero superior a aquella en potencia. Fabio, nuestro anfitrión, fue el siguiente en embocar. Sin embargo y pese a su gran experiencia, la trucha esta vez ganó la pulseada y cortó el tipet. Ni bien puso la mosca de nuevo, en pocos lances picó otra hermosa trucha del Strobel, la que esta vez sí fue sacada con éxito.

Ramon truchon

A lo largo de la jornada el lago siguió siendo generoso y permanecimos allí hasta que la luz del sol nos lo permitió. Fue un primer día inolvidable con numerosas capturas e incorporación de nuevos conocimientos. Ocurre que más allá de las emociones que son posibles de vivir allí, esta aventura pesquera supone el aprendizaje de técnicas de pesca muy particulares que unos captaron más pronto que otros. Aquí ya no se trata sólo de tirar y sacar. Varias veces tuvimos que cambiar líneas y moscas y las que mejor funcionaron se hallaban en la gama de los anaranjados y verdes oliva. Probamos ninfas y strimers, siendo estas últimas las que hicieron la diferencia. En cuanto a la técnica y a modo de síntesis se trataba de recoger en forma lenta y pausada. Así los piques se daban con mayor frecuencia y las líneas usadas fueron de hundimiento lento.
Más que satisfechos por lo vivido, retornamos casi de noche a las cómodas instalaciones de la estancia, donde nos esperaba una buena y nutritiva comida consistente en un poderoso guiso con carne de cordero. El lugar cuenta con agua potable, luz eléctrica, habitaciones calefaccionadas y hasta un rincón con una mesa de atado para que quien retorne con energías y ganas, pueda realizar allí un par de moscas. Ya saciados, hicimos una sobremesa coloreada con truco y fernet y nos fuimos a la cama.

ramon y diego

Al día siguiente luego de una reparadora noche, cargamos lo necesario en la camioneta y nos dispusimos a vivir otra apasionada y extensa jornada de pesca. Esta vez dirigimos nuestro derrotero en sentido contrario al camino por el cual ingresamos a la estancia. Después de unos cuantos kilómetros y de abrir y cerrar varias tranqueras llegamos a una zona donde afloraban numerosas lagunas en medio de la nada. Ninguna de ellas tenía entrada ni salida de agua: era algo realmente extraño y lo más curioso es que muchas contaban con grandes poblaciones de truchas. Sin dudas que éstas fueron sembradas en algún momento, adaptándose al ecosistema de manera extraordinaria.

Situaciones de pesca4

 

Fabio, como gran conocedor del lugar sabía cual era la laguna correcta y a esa nos dirigimos. Estacionamos nuestro vehículo muy cerca de la costa y alistamos los equipos para lo que sería otro glorioso día de pesca. En esta oportunidad, sabiendo de antemano que las piezas eran de menor tamaño, nos dimos el gusto de usar equipos más livianos: números 5 y 6. Estos cráteres en forma de laguna se hallan a unos 8 metros por debajo del nivel del suelo, el agua es de color chocolatoso y nadie ni por lejos hubiera adivinado que en ese lugar había truchas… ¡y sí que las había!!!

triplete laguna

Cuatro de los cinco integrantes de la expedición entramos casi al mismo tiempo al agua. Nos ubicamos frente a una franja de vegetación acuática que pudimos observar a unos 20 metros delante nuestro y comenzamos a tirar la mosca cerca de la misma, presumiendo algún pique en ese escondite natural. Tras el primer lanzamiento y movimiento del engaño, clavó Ramón. Lo mismo pasó con Ulises, que estaba a mi lado. Y ni bien mi mosca tocó el agua ¡¡otro tremendo pique!! Entre los tres nos mirábamos atónicos por ser partícipes de la increíble vivencia, casi como salida de un sueño. Todos estábamos librando batalla con esas hermosas Arco Iris que brincaban fuera del agua y no querían entregarse. Mientras tanto, Fabio desde la orilla y con sonrisa gozadora propia de quien de antemano presume una situación, se divertía sacándonos fotos.

El lugar no dejaba de sorprendernos. Las tres Arco Iris que cobramos al llegar tenían diferentes tonalidades: una exhibía en sus laterales un rojizo intenso que yo jamás había visto antes. Otra era de un fuerte color amarronado y la restante era más bien platinada. Casi sin movernos del lugar, el festival pesquero continuó. Otro tiro otra trucha y la misma situación en casi todos mis compañeros. La sensación de alegría era incontenible y sólo puede ser comprendida por quien lleva esta pasión bien adentro. Sentíamos que estábamos en el lugar y en el momento correcto.

Ulises

Aprovechando la generosa situación comenzamos a pescar con seca. Así la cosa fue mejorando aun más ya que podíamos ver a nuestras amigas lanzarse sobre la mosca cuando ésta caía en la zona indicada. El promedio de peso de las truchas oscilaba entre los 3 y los 5 kg. Esto era mucho más de lo que podíamos pedir, resultando imposible de contar la cantidad de capturas que tuvimos en este lugar.
Antes que llegara la tarde y ufanos de nuestra faena por demás extraordinaria decidimos retirarnos para hacer los últimos tiros del día en el Strobel, intuyendo que el horario posibilitaría clavar nuevamente alguno de los monstruos del gran lago.
Nos llevó un par de horas el retorno a las bahías. Ese tiempo invertido se vio compensado con la ventaja de contar ya con todos nuestros equipos armados. Decidimos probar suerte en una de las bahías más alejadas. Esta vez el viento azotaba con fuerza y la temperatura era mucho menor. Por suerte, la posición del accidente geográfico dejaba al viento a nuestras espaldas.
Fueron varios los intentos que hicimos y varias las moscas que cambiamos. Estábamos envueltos en esa repetitiva tarea cuando de repente escuchamos decir a Fabio “clavé, clavé”. No se veía a ninguna trucha saltando, pero sí a la caña que no dejaba de arquearse y al reel de sacar línea. Se dió una trabajosa pelea entre Fabio y el salmónido, la cual duró varios minutos. Se trataba de un hermoso macho, uno de los más grandes que salieron. Foto ligera y vuelta al lago.
La cosa recién comenzaba. El siguiente pique fue para Ulises quien estrenaba una caña de mosca marca Daiwa del año 1980 heredada de su padre. Inmiscuidos en nuestra tarea, de repente vimos como la punta de esa reliquia cedía ante tremenda trucha, que parecía la iba a reventar en pedazos. La contienda entre nuestro amigo y el pez era de tome y traiga: un poco venía otro poco se iba. Apenas la pudo arrimar a la orilla lo asistimos con el copo, ya que le costaba traerla a la zona poco profunda. ¡Otro chancho del Strobel!! Resulta difícil de olvidar la gran sonrisa de Ulises posando con ese trofeo junto a la caña de su padre; los sentimientos que en él bullían se podían palpar en el aire.
Y seguimos y seguimos… De repente la suerte tocó mi caña. En uno de los tantos tirones que venía haciendo con mi línea, pufff!!! Todo mi ser se vio sorprendido por un tremendo zacudón, como si un ladrón me hubiera querido arrebatar la caña. Debido a la fuerza que llegaba desde el agua apenas pude afirmarla. Todo se daba a pura velocidad y veía como irremediablemente mi línea se iba aguas adentro. Por suerte no me abataté. Ajusté el freno y empecé a trabajarla. Por momentos le ganaba en metros pero todo lo que lograba despacio la trucha se lo llevaba de la nada. Inmerso en esa batalla, comencé a recular hacia la orilla tratando de ganar metros y acercarla hacia lo más bajo. No fue nada fácil aquello: cuando parecía que el pez se hallaba cerca, arrancaba con otra corrida. Así se sucedieron varios intentos, hasta que mis compañeros lograron meterla dentro del copo. Era un hermosa Arco Iris, no grande en peso pero sí muy larga y de forma tipo torpedo que la hacia perfecta para cortar el agua con su silueta. Una prueba más del sinfín de sorpresas que nos tenía reservadas el lago:, nada es predecible allí y las truchas ninguna se parecen a otras.
Durante 4 días, libramos numerosas batallas con grandes capturas. Recorrimos diferentes sectores, todos pagadores y las truchas no tenían límites, algunas piezas rondaban los ¡¡10 kg!!!. Incluso a muchas de ellas no las alcanzamos a ver debido a los violentos cortes que incluyeron la rotura de una de las cañas. Diego y Ramón fueron los que más se lucieron, venían parejitos sacando y sacando…
Tampoco quisimos desaprovechar la ocasión para pescar en el tan nombrado Río Barrancoso, que para nuestra sorpresa lo vimos repleto de juveniles Arco Iris producto del anterior desove. Las había por miles en todo su recorrido. Tal es así que teníamos que usar moscas muy grandes para evitar que estas atacaran primero. La pesca allí resultó súper entretenida y 100% a pez visto. Fueron pocas las grandes capturas debido a que todavía los ejemplares más voluminosos aun no estaban subiendo. A pesar de eso, el grado de diversión alcanzado fue inmenso. El pescar a pez visto con secas hacía que no paráramos de poner la mosca en el agua.
Sin temor a equivocarme, y luego del balance realizado junto a mis amigos, concluyo que la pesca fue muy superior a lo esperado. Las truchas de estos lugares no resultan fáciles de engañar y contrario a lo que muchos comentan no son para nada entregadas. Como dije más arriba, se trató de una vivencia inolvidable donde ganamos mucho en experiencia y aprendizaje. Por cierto que como todo safari pesquero no todo fue ganancia: en muchas situaciones vimos frustrados nuestros piques ya que las truchas de estos lugares corren, cortan tipet, saltan, rompen cañas y varias de nuestras moscas quedaron en sus bocas. Una verdadera aventura.
Los equipos usados fueron cañas número 5 y 6 para las pequeñas lagunas y número 7 y 8 para el lago. Las líneas más efectivas fueron hundimiento lento y flote, las moscas de mayor eficacia fueron strimers y ninfas en colores naranja, negro y oliva.
En fin, están dadas todas las condiciones para ofrecer un entretenido y variado menú de alternativas en este increíble pesquero, que cuenta como ya dije con la infraestructura necesaria para descansar tras una jornada de pesca. Es una nueva alternativa para quienes alguna vez pensaron que pescar en el Lago Strobel era casi imposible.

 

Hugo Tello, Guía de pesca
hugoteto@hotmail.com
Cel: 03544 15415188
www.pescaserrana.com.ar

 

Comentarios (0) Trackbacks (0)

Aún no hay comentarios.


Leave a comment

Aún no hay trackbacks.